En la infancia comienza el camino de todo adulto,
concédele el valor que merece.
Concibo al ser humano como una esencia conectada a todo. Unido al Cielo y a la Tierra.
Honrar nuestros ritmos nos devuelve al equilibrio y a alinearnos. Conectarnos con nosotros mismos es esencial.
No somos solo mente ni solo biología.
Somos una conciencia encarnada y estamos viviendo una experiencia humana.
Estamos profundamente vinculados a la naturaleza. Y como ella, vivimos en ciclos: expansión y contracción, acción y descanso, interiorización y expresión. Cuando ignoramos estos tiempos, nos desordenamos y perdemos la claridad y la dirección; nos desconectamos.
Para mí, el equilibrio se encarna y se sostiene en una tríada viva:
Alma - Mente - Cuerpo.
Cuando estas tres dimensiones dialogan y se integran, aparece la coherencia interna. Y desde la coherencia, la claridad y la dirección externa.
Somos alquimistas.
El triángulo —presente en la geometría sagrada desde tiempos ancestrales— simboliza estabilidad y transformación. Es la estructura mínima que genera sostén.
En la tradición alquímica los 4 elementos de la naturaleza se representan mediante triángulos, mostrando que toda la materia -y también el ser humano- es una combinación dinámica de fuerzas que pueden ordenarse.
La verdadera alquimia ocurre dentro. No transforma metales, transforma consciencia. Convierte la confusión en claridad, la herida en sabiduría, la reacción en elección, el miedo en dirección. Nos permite revelar una versión más auténtica y más luminosa de nosotros mismos.
Todo empieza en lo interno.
En ordenar nuestras fuerzas internas:
CUERPO | tierra
EMOCIÓN | agua
ACCIÓN | fuego
MENTE | aire
Cuando estos elementos se armonizan y encuentran el equilibrio, el espíritu se manifiesta y se encarna en nuestra forma de
vivir, decidir, criar y vincularnos.
Comprender quién eres —tu estructura, tus ritmos, tu naturaleza profunda— te devuelve poder. Te permite elegir con consciencia y sostener tus decisiones con claridad.
Yo no dirijo tu camino.
Te acompaño a que recuerdes que las llaves siempre han estado en tus manos.
Porque cuando vuelves a ti, todo encuentra su lugar.
Esencia: Sé la Tierra, el Aire, el Fuego, el Agua.
Siente el Espíritu.
-

Tierra
Anclaje. Templanza. Sustento y cuna.
En la tierra nacemos y en ella nos enraízamos. Florece y nos muestra cómo abrirnos paso en el mundo con miles de colores y manifestaciones. Es infinita y sabe poner límites. Es abundante, compasiva, plena. Es serenidad. Los pies en el suelo, ser conscientes. Las estaciones y los cambios de ciclo.
-

Aire
Expansión, libertad. Movimiento, ingravidez.
Es nuestra mente, el intelecto, nuestros pensamientos, van y vienen; nos lleva del pasado al futuro, o al presente, si estamos en equilibrio. Nos permite respirar y purificar. Inhala y exhala. Comprende y analiza, lo ve todo desde arriba. Observa las emociones. Inspiración.
-

Fuego
Intensidad. Vibración. Pasión y expresión o ira y rencor.
Es la transformación en estado puro. Es la iniciativa y el impulso de la creación. Revolución. Es el deseo, la llama que ilumina el camino. La luz. El calor, el ímpetu y la seguridad, la confianza. La quema y el deshecho, es la catarsis y el motor de liberación de patrones.
-

Agua
Emoción. Amor incondicional. Subconsciente.
Es versátil, es navegar por el mundo interior, y descubrir nuestras luces y sombras. Fluir con la marea y el curso de la vida. Adaptabilidad. Las lágrimas y su limpieza. Sentir, sanar. Es el corazón. Es nuestro 70% corporal. Compasión y empatía. Sueños. Es la intuición.
-

Espíritu
Eres TÚ.
El conjunto de todas tus idas y venidas, de tus subidas y bajadas, amándote y respetándote. Aceptándote. El camino de la evolución. El resultado de la naturaleza que hay en ti y el principio de la misma. El Espíritu está en cada célula de tu ser. Eres la tierra, eres el aire, el fuego y el agua; y tu espíritu hace la alquimia.

